2007-04-14

TEASER







2006-06-01

LA HISTORIA QUE QUIERO CONTAR

Ñancupel es un indio Chilote que ve que el mundo que conoció desde niño junto a sus padres esta siendo destruido y desaparece para siempre.
Identifica en la persona de Ciriaco Álvarez, el rey del Cipres, el origen de este mal.
Ciriaco detenta el poder económico en alianza con el poder político de la zona y es amo y señor en Castro y sus alrededores.
Ñancupel se revelara en un primer momento ante las injusticias que ve que se comenten por este Rey del Cipres, que explota sin ninguna misericordia a todo su pueblo veliche. Ahora bien su reacción nunca será racional e ideológica si no más bien visceral y todos los actos que cometa contra los “poderosos”, como los llama él, serán producto de su astucia de indio navegante; esto llevara a que sea tildado por la autoridad como un Pirata y se le buscara para que pague por sus delitos. El pueblo vera en el un especie de benefactor y Ciriaco tratara de cambiar esta imagen a su favor transformándolo en un simple ladrón, que no respeta la autoridad.
Aquí aparece el militar Carrasco, un héroe de la Guerra del Pacifico que representa al poder de la nueva patria que nace, el es la imagen de este nuevo orden que se trata de instaurar en este nuevo Chile que acaba de nacer.
Carrasco Buscara a Ñancupel para juzgarlo y condenarlo pero también pondrá en su lugar a Ciriaco ya que la ley es para todos iguales, al menos en apariencia. Si Ciriaco es el poder feudal que no dialoga, Carrasco es el poder de la razón, pero que de igual forma esta contra Ñancupel. Pareciera ser un hombre bueno y respetuoso de las leyes; pero tiene a otros poderosos encima de el, a los cuales tiene que dejar contentos.
Pabla ayudara a su hombre y estará siempre con el, es la imagen de la india orgullosa y altanera que defenderá a su familia hasta el final.
El pueblo al inicio le temerá a Ñancupel, luego lo aclamara, por considerarlo como uno que defiende sus derechos, pero al final solo querrán que lo maten. Todo producto de la manipulación de los hechos que han ejercido Ciriaco primero y Carrasco después.
El objetivo de Ñancupel será siempre el mismo; defender a los suyos y a su tierra de estos poderosos que la quieren destruir y esto lo convertirá en lo que fue sin el darse cuenta. Solo al final en el juicio entenderá su gesta y lo que significo para su pueblo.
Jamás lo veremos doblegado y humillado y menos aun arrepentido de lo que ha hecho, incluso rente al pelotón de fusilamiento y ante la posibilidad de ser redimido de sus “culpas” besando la cruz, el preferirá escupirla y morir mirando al cielo.

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LA DIMENSION POLITICA DE LA LUCHA DE ÑANCUPEL

(Retrato hablado de Pedro Maria Ñancupel Alarcon)

El Chiloé que le toca vivir a Ñancupel es un mundo tensionado entre la tradición y la modernidad; entre formas de vida convencionales y el progreso ascendente; sin ley ni autoridades legítimas; donde los cambios económicos sociales y económicos están transformando las bases culturales de la tradicional identidad cultural chilota; y en medio de un proceso de crecimiento económico donde se abren oportunidades para quien quiera tomarlas.
Por eso, cuando Pedro Ñancúpel arriba a las Guaitecas se encontrará con un pueblo bullante y con gran dinamismo económico. El archipiélago, en particular hacia el sur, adquiere vitalidad y movimiento: chalupas de loberos, balandras, balsas de leñadores, fragatas y pequeñas naves se llevan las riquezas a los mercados de Chiloé, donde serán transportadas al hemisferio norte, y regresan cargadas de suntuosas mercancías
Junto a las viviendas de los pescadores, se encuentran comercios de diversa índoles, tabernas y prostíbulos. Lugares donde conviven los tradicionales chilotes ligados a la tierra, pescadores, cazadores de focas y lodos marinos, comerciantes, leñadores, obreros forestales, indígenas, curas y aventureros de todo tipo….
Sin embargo, junto a ese mosaico social, Ñancúpel descubre un elemento central: la existencia de un pueblo sin ley ni orden, donde el Estado de Derecho es algo lejano y distante. Descubre un lugar donde el progreso parece depender de la voluntad personal y de la capacidad emprendedora de cada cual. En un sentido figurado, Ñancúpel llega a vivir a un lugar donde ni la tradición ni la ley son importantes, sólo la voluntad de dominar la naturaleza y los otros. Es la figura de los pueblos sin ley del Lejano Oeste que muestran los clásicos western americanos.
Pero será en ese lugar, donde Ñancúpel tomará conciencia que no todo lo que brilla es oro. Comprende que el poder lo detenta una persona: Ciriaco Alvarez, comerciante explotador de la riqueza del Ciprés, su poder radica tanto en el dinero que posee, como en sus relaciones con el poder político y su propio ejército personal que le hace imponer su ley personal como ley general.
Quien no aceptaba la ley de Ciriaco Alvarez tenía tres opciones: morir, escapar de Chiloé o dedicarse al bandolerismo. Esta última es la opción de Ñancúpel. Opción que le dará tanto la libertad que tanto añoraba, como un destino trágico que sólo se resolverá con la muerte.
Al adoptar el bandidaje, la piratería y el robo como formas de supervivencia en ese medio, decide enfrentarse directamente con el Poder y quienes lo detentan. Por eso el pirata se transforma en un “enemigo del Estado”.

EL MITO DE ÑANCUPEL: SU TRANSFORMACION EN HEROE Y EN MITO.

¿ Cómo un pirata, ladrón y asesino llega a convertirse en un héroe popular de Chiloé?. Para comprenderlo hay que recordar que treinta años después de la anexión a Chile el recuerdo de una plácida sociedad rural, protegida por un distante rey de España, vive entre los chilotes. Tanto como añoranza de un pasado feliz, como momento donde su ubicación geográfica les daba espacios de libertad, su situación de pobreza y marginación lo asocian a la anexión al Estado de Chile.
Además, los nuevos cambios económicos, sociales y culturales son resistidos por lo naturales de Chiloé. La inmigración proveniente desde el resto de Chile y el Sur de Argentina gatilla desconfianzas hacia el afuerino; xenofobias y rebeldías autonomistas.
Por azar del destino, Ñancúpel se transforma para los naturales de Chiloé en un símbolo de un pasado de libertad, de un “paraíso perdido” que ya no volverá, de un origen donde todos son iguales. Más aún, los enemigos de Ñancúpel son los mismos a los cuales se les sindica como causantes de la situación que les toca vivir. Políticos y comerciantes son lo mismo, razón por la cual cuando Pedro Ñancúpel decide rebelarse a la autoridad del Rey del Ciprés, también se está rebelando con la autoridad del Gobierno de Chile. Esa convergencia simbólica provoca que Ñancúpel, a su pesar, se transforme en una leyenda en vida y en un mito de la resistencia ante el invasor…
En estricto rigor, Ñancupel fue un pirata, ladrón y asesino brutal. Pero el hecho de haber formado una cuadrilla, haberse rebelado contra sus patrones y querer labrar su propio destino, lo transformó a los ojos de los chilotes en un “ser distinto” o diferentes a los de su estirpe. Un pueblo cansado de los atropellos, entonces, lo hace un héroe y un mito.
He ahí el sino trágico de Ñancúpel: el no buscó ser un héroe o un líder popular. El sólo buscaba riqueza, o venganza personal, o libertad individual o simplemente que lo dejaran vivir su vida. Pero es durante su juicio, escuchando las acusaciones del juez y las declaraciones de sus acusadores, que logra tener conciencia cabal de su transformación en un mito. Y una leyenda no puede defenderse racionalmente y un héroe sólo es tal cuando ha muerto…
Por tal motivo, el sino trágico de Ñancupel es el de los héroes trágicos de la Grecia antigua. El héroe no sabe que lo es sino hasta que toma conciencia de su muerte, pero se descubre siendo parte de una “moira” (destino trágico) donde sólo el coro (el pueblo) sabe cual es su final….Y cual tragedia de Esquilo, será el coro el que anunciará la muerte de Ñancupel para transformarlo en héroe, en mito y en leyenda….

CHILOE EN EL SIGLO XIX: EL MUNDO EN EL QUE VIVIO ÑANCÚPEL


Para explicarse históricamente un personaje como Pedro María Ñancupel es necesario comprender el contexto histórico-social, político y cultural en el cual se desarrolla su vida. Ello nos permitirá esbozar la visión-de-mundo de este complejo pirata chilote.
En primer lugar, parece relevante para comprender el mundo de Ñancupel señalar que la Isla de Chiloé es una región que se integra por la fuerza al territorio chileno, recién el año 1826, con la finalidad de expulsar la última resistencia española en el continente. Hasta ese entonces se mantiene fiel a la corona española y las formas de vida que eran típicas de la Colonia. Sin embargo, tras la anexión es abandonada a su suerte y crecen las tensiones económicas y sociales.
La estructura social chilota durante la primera mitad del siglo XIX era relativamente simple. Por una parte, encontramos a los propietarios de la tierra y el comercio que, aliados a la burocracia administrativa, policial y judicial nombrada desde la capital de la naciente República de Chile, articulan el bloque dominante en aquella alejada isla.
Por otro lado, encontramos a humildes y analfabetos chilotes originarios, compuestos por pescadores y campesinos pobres, peones e inquilinos de las haciendas y, en fondo de la pirámide esa sociedad estamental, los indios mapuches que circulan por los canales y se dedican a las artes de pesca y el cultivo de la tierra.
En ese contexto, es posible comprender que el mundo de la infancia de Ñancúpel está marcado por el violento proceso de anexión de la isla al Estado de Chile; por una pobreza que se traducía en alta mortalidad infantil, bajas expectativas de vida y un destino fijado por el origen de cuna. Ese mundo de pobreza construye un cerrado mundo de posibilidades sociales para un joven de origen indígena en el Chiloé de entonces: dedicarse a la pesca, al cultivo de la tierra o emigrar fuera de Chiloé en la búsqueda de nuevas oportunidades en la Patagonia.
Sin embargo, Ñancúpel no toma ninguna de las opciones que el orden natural de las cosas disponía para él. Decide romper el destino que su posición social tenía trazado para él y emprender un negocio asociado al comercio de pieles de lobos marinos.
Para comprender esa determinación personal de Ñancúpel es necesario nuevamente atender a los cambios sociales y económicos que vive Chiloé a mediados del siglo XIX. En efecto, por una decisión del gobierno central, el Estado de Chile comienza a incentivar la población de su extenso territorio y, en particular, de la Isla Grande de Chiloé.
En el período que va entre 1845 y 1855 aparecen en Chiloé aventureros, comerciantes, cazadores de lobos marinos, hombres y mujeres provenientes de otras regiones del país. El propósito era integrar económica, social, política y culturalmente a Chile esa inhóspita región de Sudamérica. Retornan los europeos a través de los poderes compradores. Se inician dos nuevas y grandes actividades económicas: las loberías y la explotación del Ciprés en el archipiélago de las Guaitecas.
Aparecen los primeros capitalistas regionales: Felipe Westhoff que funda Melinka y Ciriaco Alvarez, apodado el Rey del Ciprés, cuyo imperio llegó hasta Aysén. Nacen poblados como Chonchi y Quemchi, en cuyo seno de desarrolla una clase social que se pretende aristocrática.
Ciudades como Castro y Ancud crecen como resultado de una pujanza económica proveniente de la pesca y, principalmente, de la instalación de comerciantes extranjeros, empresas forestales y aserraderos. Con ello, también aparecen los primeros asalariados, las poblaciones urbanas.
Ese cambio económico también trae aparejado un cambio demográfico, social y cultural importante. Mientras que el año 1835 la población de Chiloé se estimaba en alrededor de 18.000 personas, hacia 1855 la población había aumentado a la no despreciable cifra de 55.000 habitantes.
Lo importante de subrayar de este proceso que se extiende hasta comienzos del siglo XX es la virtual inexistencia de eso que hoy denominamos Estado. En efecto, todos esos cambios son posible producto del abandono y aislamiento de Chiloé respecto del resto del país. Más aún no hay que olvidar que durante la vida de Ñancúpel el gobierno central estará preocupado de poblar el sur de Chile con extranjeros (1845-1855); la guerra con la Confederación Perú Boliviana (1840-1842); la Guerra del Pacífico (1879-1885); y la Pacificación de la Araucanía (1879-1889). Por ende, Chiloé jamás estuvo en las prioridades de ninguno de los gobiernos del siglo XIX. De ahí su aislamiento y abandono….
No obstante, es menester señalar que la debilidad del Estado de Derecho no significaba la ausencia de un poder estatal vigilante y atento. Según consta en los libros de historia, jueces, policías, profesores y autoridades políticas eran designados desde Santiago, razón por la cual casi siempre eran afuerinos. ¿ Por qué los administradores públicos, jueces y policías eran originarios de fuera de la isla?. Originalmente, porque los representantes públicos anteriores eran todos realistas y funcionarios de la corona española; pero con posterioridad, debido a un temor a las tendencias independentistas de los chilotes. ¿ Cómo puede entonces lograr legitimidad política un Estado que es visto por los chilotes como un Estado invasor?. Aliándose con terratenientes y comerciantes de la región, muchos naturales y otros provenientes desde el extranjero. De ahí, entonces, que el Poder se le presente a los chilotes de forma desnuda: como alianza entre el poder de las armas y el dinero, como dominación directa a través de la violencia o de manera más subrepticia a través de la riqueza.

EL PERSONAJE HISTORICO Y SU MUNDO


La vida y aventuras del Pirata Ñancupel forman parte de la tradición oral de Chiloé. En una tierra fértil en mitología y leyendas, la más popular tiene por protagonista a un despiadado indígena y corsario de nombre Pedro Maria Ñancupel. La leyenda comienza al desentrañar el origen de su apellido, donde la tradición lo sindica como descendiente del corsario holandés Jan Cooper quien incursionó en los canales chilotes a fines del siglo XVIII. Cuenta la leyenda, que el pirata convivió con varias mujeres aborígenes dejando una considerable prole, bautizando los niños sus madres como “Ñancúpel”, deformación de Jan Cooper…
La leyenda continúa con imágenes de Ñancupel robándole a los ricos para dárselo a los pobres; escribiendo cartas al gobierno central; siendo galantes con las mujeres; y termina con una cueva en las Islas Guaitecas donde estaría enterrado un tesoro lleno de oro y piedras preciosas.

EL PIRATA ÑANCUPEL: SU BIOGRAFIA.
En la vida de Pedro María Ñancúpel Alarcón, pirata chilote muerto en Castro en ejecución pública el día 6 de noviembre de 1888, se confunden el personaje histórico y la leyenda. Más aún, los únicos datos objetivos de su vida y de sus correrías son las que han quedado consignadas en las actas del juicio que finalmente lo condenó a muerte y que están en los archivos judiciales de Castro.
Según esos archivos, Ñancúpel habría nacido el año 1837 al sur de la localidad de Chonchi, en la Isla Grande de Chiloé, en un poblado de indios Viliches que se dedicaban a la pesca y la caza de focas en los canales entre Chiloé y Aysén.
De su infancia y su adolescencia no se sabe nada, pues en el juicio nada se dice de ella. Sólo sabemos que se radica un tiempo en Quellón, conoce a Pabla Llancalahuén con la cual se casa. Como consta en el juicio, cuando Ñancúpel tenía alrededor de 20 años arriba a las Islas Guaitecas desde Quellón a buscar trabajo en las loberías australes. Ello, pues su hermano Juan se dedicaba a cazar coipos y nutrias en las islas del archipiélago, junto a un sobrino y un guaitequero de apellido Nahuelhuén.
Tras desempeñarse unos años como leñador (“hachero”) y cazador de lobos marinos, decide crear su propia cuadrilla para establecer un comercio para comprar y vender las pieles que llevan los cazadores al poblado de las Guaitecas.
Los motivos para llevar una vida delictual son inciertos. Algunos hablan de una venganza contra las autoridades locales por abusos cometidos contra él o su familia; otros han intentado explicar su piratería como un acto de rebeldía social. Lo cierto es que a mediado de 1860 comenzaron a denunciarse numerosas desapariciones de goletas y lanchas que regresaban de las Guaitecas y del Golfo de Penas, cargadas con pieles de lobos, aceite y oro extraído de arenas marítimas.
Al principio se pensó que eran simples naufragios, pero pronto quedó al descubierto la participación de una banda que dirigía Pedro Ñancúpel junto a sus primos de apellido Catepillán. Estaban provistos de escopetas y sables, se ocultaban diestramente en los canales esperando el paso de los navegantes y una vez apoderados de la embarcación los degollaban a todos para no dejar testigos….
Los botines después eran vendidos en Melinka, Castro y Ancud a comerciantes que no preguntaban el origen de las especies. Los cambiaba por onzas de oro que después utilizaba para comprar víveres, pólvora, tiros y escopetas.
Su reino de terror y muerte se concentra en los archipiélagos de Los Chonos y de Las Guaitecas. Sus violentas y sanguinarias acciones contra los barcos y lanchones que llegaban desde el sur hacia Chiloé hicieron que ante su solo nombre, hombres y mujeres temblaran de pavor.
Finalmente, mientras celebraba el éxito de una de sus múltiples correrías y encontrándose completamente embriagado, es emboscado junto a sus hombres, apresado, engrillado y trasladado a Castro para un rápido proceso.
Según consta en la prensa de la época: “El sábado 3 del actual en la tarde fue notificado de la tremenda sentencia el reo Pedro María Ñancúpel, i se le puso inmediatamente en capilla…. Desde el primer momento, desde la lectura de la sentencia, Ñancupel demostró una conformidad impasible, una constante serenidad, sostenida a veces con afectación, pero con resolución estoica en su última hora…” (El Archipiélago de Castro, 11 de noviembre de 1888)
En el juicio se le lograron acreditar una serie de horrendos crímenes y alrededor de 99 asesinatos. Asesinato de niños, hombres y mujeres de todas las edades; secuestro, violación y muerte de varias mujeres; asesinato de tripulantes de embarcaciones nacionales y extranjeras; robo, piratería y abigeato; fueron algunas de las muchas acusaciones que se hicieron. Los hechos más crueles y brutales que se consignan en dicho juicio son los siguientes:

• La matanza de Santo Domingo de las Guaitecas: A dicho puerto arribó un barco con víveres para colonos a fin de recoger agua. Al bajar a buscar agua, todos los marineros fueron ultimados por los piratas. Posteriormente, Ñancúpel toma la goleta matando al piloto y al capitán: tomó y violó a su mujer, para posteriormente degollarla junto a su hijo de un año. Posteriormente hundió el barco en medio de la ensenada, tras hacerse de toda su carga y víveres.
• La matanza de la nave “Jilguero”: Tras emboscarlos en medio de los canales, degolló a la tripulación de marineros, al capitán, a su esposa y a su hija de 15 años. Estas dos últimas fueron reiteradamente violadas por Ñancupel y sus hombres durante varios días, hasta que suplicaron ser muertas. Es la que causó mayor impacto en la sociedad chilota, pues el capitán era un reconocido hombre de bien.
• El asesinato de Pabla: De vuelta a la Isla Grande de Chiloé encuentra a su mujer con un amante. Los mata a los dos en la quebrada de Caracoles de una estacada en la frente y después los enterró boca abajo.

Pero, en el mismo juicio se consignan hechos en cierta forma contradictorios. La entrega de víveres y cargamentos de pesca a poblaciones de indios, campesinos y trabajadores. El castigo que daba a los capitanes de barcos loberos que maltrataban y malpagaban a sus empleados; que nunca asaltaba barcos de los naturales de Chiloé; y su desprecio por lo que él denominaba “los poderosos”.
Así, tras seis meses en juicio, fue condenado a muerte y fusilado en la plaza pública de la ciudad de Castro en la mañana del 06 de noviembre de 1888. Acompañado por dos sacerdotes jesuitas, uno de apellido Suibarbre, Ñancupel alegó en el final su inocencia a viva voz. No pudo escribirla pues muere analfabeto. Fue rematado por don Felipe Montiel, veterano de la Guerra del pacífico, quien cumplía funciones policiales y fue quien encabezó su apresamiento.
El resto de sus secuaces fueron trasladados a Ancud y ejecutados en la plaza de esa ciudad. Sólo fue dejado en libertad un sobrino de nombre Anastasio.

2006-05-30

LAS COSAS POR SU NOMBRE: ÑANCUPEL EL PIRATA


Los textos que a continuación aparecen con sus comentarios están extraídos del sitio CHILOEWEB, me parecieron muy interesantes ya que de alguna manera reviven lo contradictorio de este personaje chilote; que para unos es un héroe y para otros un villano. Es la otra pelicula



"Si queremos hablar de historia, de recuperar nuestra historia insular, la de un Chiloé que ya se fue, hagámoslo, pero con seriedad y en forma responsable. Ahora bien, si por otra parte queremos “inventar historias” y convertirlas en “historietas”, bueno, esa “es otra historia”. Total, público hay para todos…

En el último tiempo se han publicado en algunos diarios de circulación nacional como “Las últimas noticias (LUN)” y “La Tercera” reportajes sobre “Pedro Ñancupel” a raíz de una futura filmación del pirata del siglo XIX fusilado en Castro en 1888, con títulos tan extravagantes e imaginativos como “el chilote justiciero”, o bien, “el Robin Hood chilote” y “Un huilliche contra el mundo”.

Analicemos de qué estamos hablando.

JUSTICIERO -según palabras de Renato Cárdenas, asesor del proyecto fílmico- ante los abusos a que estaban sometidos los indígenas de la época. “El Pirata de las Guaitecas es una respuesta a la explotación y el nacimiento de una sociedad oprobiosa”.
Vale decir, que la práctica de la piratería ¿debemos entenderla como una consecuencia lógica de la pobreza, de la ignorancia u otras razones? ¿Qué el homicidio, el robo con fuerza, la violencia o la intimidación, el saqueo, el pillaje y otros delitos practicados por este pirata tienen un “sentido justiciero”?
Entonces, con este mismo afán justiciero, por qué mejor no hacemos un escuadrón de la muerte y eliminamos a los delincuentes a palos en Chiloé y acabamos con este flagelo. Mejor aún, ya que existe tanta desigualdad entre lo que ganan las salmoneras y los sueldos que pagan ¿por qué no hacer “justicia” con este mismo afán?
¿O acaso las comunidades Williches actuales deben incendiar el predio de Sebastián Piñera porque alguna vez fue territorio aborigen y bajo este mismo prisma justiciero ante una “sociedad oprobiosa” es dable este tipo de “equidad”?

Aclaremos aquí que en un reportaje anterior (LUN) se habla de “CORSARIO” al referirse a Ñancupel. Me pregunto, como muchos, conforme al Derecho de Gentes del siglo XIX (hoy Derecho Internacional Público) ¿quién le entrego patente de corso a Ñancupel? Porque en ese entonces este Derecho reconocía tal prerrogativa a un Estado en guerra y lo excluía del concepto de piratería que facultaba la persecución internacional.

Más adelante, en el reportaje (página 26) del domingo 2 de abril de 2006 de La Tercera, Cárdenas se refiere a Chiloé como “pequeño far west” (pequeño lejano oeste). Creo que el concepto nos queda claro a todos, hemos recibido un bombardeo fílmico desde que existe la televisión gracias a las producciones hollywoodenses. Así es que entendemos, según las palabras del asesor en mención, que Chiloé era una tierra sin ley ni orden ni Dios. Por favor, una cosa es que seamos la Cola del Cóndor (como representación de la República) y estemos lejos del centralismo administrativo del Estado, pero en 1888 había policía, juzgados y todos aquellos servicios y organismos públicos en Chiloé que garantizaban, especialmente en este caso particular, la persecución de los delitos por parte del Estado chileno.
No puedo compartir una analogía tan burda.

ROBIN HOOD, el de los Bosques de Sherwood robada y asaltaba para alimentar y auxiliar a los pobres. En la época de la Fiebre del Oro de California (EE.UU.) hubo un chileno llamado Joaquín Murrieta, también conocido como “el Robin Hood chileno” porque robaba para darle a los pobres.
Pero decir que Ñancupel era “el Robin Hood chilote” es un descaro, por decir lo menos. ¿A qué pobres ayudaba? En sus fechorias y correrías ¿dónde estaba el bien a la comunidad? ¿dónde está el bien a sus iguales?

UN HUILLICHE CONTRA EL MUNDO… por favor, nuevamente, al parecer, la fantasía es más fuerte que la razón. No manchemos tan burdamente el nombre de una raza heroica y guerrera ni menos la miremos y tratemos peyorativamente.
Ñancupel era “en parte” huilliche y en parte “hispano”, o sea, CHILOTE, esa raza meztiza que se formó de la fusión del español con el indígena y que hoy muchos llevamos con orgullo en nuestro ser y en nuestra sangre.

Por lo mismo, Ñancupel no era un chilote ni un huilliche contra el mundo, simplemente era un delincuente contra la justicia de los hombres. Pero por sobre todo héroe no era, aunque hoy pareciera que hay algunos que quieren aplaudir estas andanzas y más aún, glorificarlas.
Se habla de hacerle un monumento. ¿por qué no junto al Chacal de Quellón que mató a hachazos a mi compañera de curso o al homicida que mató al Sargento de Carabineros de Dalcahue el año pasado?
Ahora, lo único que falta es que se diga que Ñancupel era BRUJO y que fue perseguido e incomprendido en la sociedad de su tiempo por usar su MACUÑ.
La etnotontera y el etnochamullo amenazan con transformar delincuentes comunes en héroes. No caigamos tan bajo… por favor.
Por otro lado, debemos recordar que cuando una persona inventa cosas y más aún se las cree y las difunde, tiene un serio problema psicológico. Esta patología se denomina “MITOMANIA”. Creerse sus propias mentiras…"

SinceramenteJavier Vargas Guarategua (publicado en el portal chiloeweb)